Mientras los choferes usan chalecos con la marca, cargan los paquetes y siguen rutas impuestas por el gigante del comercio electrónico, la empresa se escuda en una red de tercerización para negar responsabilidades ante accidentes y violaciones laborales. Una nueva ley busca terminar con este vacío legal.
“Si parece una entrega de Amazon, y conduce como una entrega de Amazon, entonces es una entrega de Amazon”. La frase, contundente y lógica, la escuchamos en un video difundido por los propios trabajadores de reparto. Sin embargo, la multinacional fundada por Jeff Bezos gasta millones de dólares en campañas para convencer al público de lo contrario: que quienes reparten sus paquetes no son empleados suyos, sino “operadores independientes”.
Pero la realidad en la calle es tozuda. Los repartidores usan uniformes con el logo de Amazon, sus rutas y horarios son definidos por los algoritmos de Amazon, y si se niegan a usar el chaleco identificatorio, enfrentan sanciones disciplinarias. ¿Entonces quién manda? Claramente, Amazon. ¿Entonces quién se hace responsable cuando un trabajador se accidenta? Claramente, nadie… o mejor dicho, un subcontratista que no tiene espaldas financieras para cubrir una lesión grave.
Este mecanismo no es casualidad. Es una estrategia deliberada de las grandes corporaciones: construir una telaraña de intermediarios para eludir las leyes laborales, los convenios colectivos y las regulaciones municipales. Mientras el trabajador hace toda la tarea que le genera millones a la empresa, Amazon se lava las manos y declara que “no tiene nada que ver” con los accidentes.
Frente a esta situación, el alcalde de Nueva York presentó la Ley de Protección de Entregas (Delivery Protection Act), impulsada por la concejal Tiffany Kalani. Esta norma propone algo elemental: si una empresa domina cada aspecto de la operación (rutas, contratación, horarios y vestimenta), entonces debe asumir la responsabilidad patronal, así como lo hacen el resto de las compañías de mensajería.




