El Campo Recreativo de STIA fue el escenario de una jornada histórica donde miles de trabajadores y trabajadoras celebraron el Día de la Alimentación con música, juegos y la presencia de Sergio Escalante

El sol del domingo parecía haber salido exclusivamente para las familias de la alimentación. Desde temprano, el Campo Recreativo de STIA comenzó a recibir un caudal incesante de trabajadores y trabajadoras que llegaban con bolsos, conservadoras, y lo más importante: la ilusión de compartir una jornada diferente. El Día de la Alimentación se celebraba, pero no de cualquier manera. Se celebraba a lo grande, con la convicción de que la unidad obrera también se fortalece en la mesa compartida, en el mate pasado de mano en mano y en las risas de los más pequeños.
“Vivimos una jornada hermosa en nuestro Campo Recreativo”, expresó Escalante visiblemente emocionado mientras recorría las mesas y saludaba a las familias. “Celebrar el Día de la Alimentación no es solo compartir un asado o un rato de juego; es encontrarnos, mirarnos a los ojos y sentir esa fuerza que tenemos cuando estamos unidos”.

El valor de lo colectivo
En tiempos donde el gobierno nacional insiste con políticas de ajuste y desfinanciamiento de los sectores populares, encuentros como este adquieren una dimensión política profunda. No se trata únicamente de esparcimiento: se trata de resistencia. Escalante, que durante toda la jornada escuchó de primera mano las inquietudes de los compañeros y compañeras, hizo hincapié en la necesidad de mantener viva la organización. “Ver las sonrisas de los pibes y pibas corriendo, a las familias compartiendo una mesa, me llena el alma y me confirma algo que llevo muy adentro: los derechos no se negocian”, afirmó el dirigente.
Y agregó: “Por eso, cada encuentro como este es para sumar fuerzas, para recordarnos que juntos somos más fuertes. Porque cuando estamos fragmentados, cuando cada uno tira para su lado, es más fácil que nos avasallen. Pero cuando nos encontramos, cuando nos reconocemos en el otro, ahí crece la conciencia”.
Kapanga y la banda de sonido de la lucha
Pasadas las primeras horas de la tarde, el escenario principal comenzó a llenarse de expectativa. La banda invitada, Kapanga, no tardó en prender la fiesta. Con su mezcla de ska, rock y humor, el grupo murciano logró lo que pocos discursos logran: unir a grandes y chicos en una misma alegría.
Mientras sonaban clásicos como “El Universal”, Escalante observaba desde un costado. Los más jóvenes saltaban, los más grandes cantaban, y los niños correteaban entre la multitud. Fue ahí, en medio del bullicio, que el dirigente reflexionó: “Escuchar a Kapanga me hizo pensar que pelear por un salario justo y condiciones dignas también es pelear por la felicidad de nuestra gente. Porque no laburamos solo para sobrevivir, laburamos para vivir. Para poder disfrutar de estos momentos con los nuestros”.
Infancias y futuro
Uno de los aspectos más conmovedores de la jornada fue la presencia masiva de niñas y niños. El Campo Recreativo dispuso de juegos inflables, torneos de fútbol y espacios de pintura, pero lo que más se destacó fue la libertad con la que los más chicos circularon entre las familias. No había apuro, no había reloj. Solo el placer del domingo.
Para Escalante, esto también es un mensaje. “Cuando miramos a los pibes y pibas disfrutando, entendemos que lo que hacemos no es solo por nosotros. Es por ellos. Es para que tengan un futuro con derechos, con trabajo digno, con salarios que alcancen. Por eso hay que pelear cada paritaria, cada conflicto, cada negociación. Porque detrás de cada trabajador hay una familia que espera”, sostuvo.
La casa de todos
El cierre de la jornada llegó con el sol cayendo detrás de los árboles. Las familias comenzaron a guardar las reposeras, los más chicos pedían “cinco minutos más” en los juegos, y los delegados se reunían en ronda para compartir las últimas impresiones del día.
Escalante dijo: “gracias a cada trabajador y trabajadora que se acercó. Esta casa, la casa de todos, siempre estará abierta para ustedes. No importa el día, no importa la hora. Acá tienen un lugar para venir a organizarse, a plantear sus problemas, a festejar o a llorar si hace falta. Esto es de ustedes. ¡Vamos por más derechos, más unidad y más alegría! Porque la lucha también se celebra. Porque la clase trabajadora no solo resiste: vive, siente, ama y sueña. Y mientras sigamos soñando juntos, no hay ajuste que nos pare”.






