Mientras la derecha argentina encabezada por el Gobierno de Milei se repite hasta el hartazgo, proponiendo lo de siempre: perjudicar a los trabajadores quitándoles derechos e ingresos a favor del capital mediante archiconocidos intentos de reforma laboral, lo que el país realmente necesita es una humanización del capital y el trabajo que contemple y proteja los derechos de los trabajadores, garantice una vida digna y beneficie al país.
A la hora de cercenar derechos la derecha ha sido recurrente en el contenido y ocurrente en los nombres. A veces dice flexibilización laboral, otras reforma o modernización, pero lo que quiere es desproteger, transferir ingresos a los más poderosos, despedir fácilmente, hacer que las personas trabajen como esclavos, quitar poder de negociación y destruir a los sindicatos y la organización de los trabajadores, que deben salir de la trampa y proponer un cambio que los beneficie, la humanización del capital y el trabajo justamente propone eso: realizar modificaciones que beneficie a las personas a la vez que ayudan al crecimiento de la patria.
Lo que necesitamos y que se engloba dentro de esta humanización son cuestiones como reducir la jornada laboral (manteniendo salario) como ocurre en los países y empresas más avanzados, proteger a los trabajadores de plataformas mediante regulaciones que cuiden sus derechos y los quiten de la orfandad jurídica pero que no formalicen los abusos actuales, reglamentar la participación de los trabajadores en la las ganancias y dirección de las empresas que se encuentra plasmada en el artículo 14 bis de la Constitución, entre otros avances.
Los antecedentes en el tema son claros e incontrastables, res non verba, como nos recuerda Carlos Tomada, el ministro de Trabajo más emblemático que tuvo nuestro país:
“103 países hicieron reformas laborales con el argumento de aumentar la cantidad y calidad del empleo y generar inversiones y ninguna generó ese resultado, sólo aumentaron la desigualdad, como se detalla en informes de la ONU.
La historia nos enseña que lo único que hace crecer el empleo es el crecimiento de la economía: cuando algo es negocio, quienes necesitan contratar contratan más allá de la normativa, y si no es negocio no lo hacen, pese a tener normas más favorables, las que habitualmente terminan generando justamente lo contrario.
Por eso mismo, lo realmente importante es también humanizar el capital y ponerlo al servicio del pueblo y la Nación. Los “mercados”, los poderosos, los dueños de la todo y quienes cuidan sus intereses han sido hábiles para que no se hable de este lado de la moneda, pero humanizar el capital implica también normas estrictas que les quite sus injustos beneficios. Las grandes fortunas deben pagar impuestos adecuados, la renta financiera también debe renunciar a sus mayestáticos privilegios, quienes ingresen divisas al país deben mantenerlas un determinado tiempo, para evitar maniobras financieras que después nos dejen de espaldas al cielo cuidando se las llevan con ganancias, y el estado debe participar y controlar el comercio exterior, entre otras medidas.

Estas y otras medidas son las únicas que harán crecer la economía y con ella la necesidad, decisión y contratar y por ende de que crezca el empleo.
Por todo esto es importante que los sindicatos, los partidos políticos que están a favor del pueblo, las diferentes organizaciones y los trabajadores y trabajadoras en general conozcan y tomen conciencia de esta situación, protejan activamente sus intereses y condiciones de vida, se organicen, nos organicemos, y rechacemos juntos y activamente las reformas, votemos según nuestros intereses y logremos la humanización del capital y el trabajo.





