En Argentina, más de 10 canales de streaming superan los 100,000 suscriptores en YouTube, y casi 7 de cada 10 personas consumen videos en la plataforma. Este fenómeno, que combina elementos de la radio, la televisión y los medios digitales, ha transformado el consumo cultural en el país. Mientras la tecnología avanza y los contenidos se vuelven más innovadores, tal como señala SATSAID, es clave discutir cómo garantizar condiciones laborales justas. Esto requiere la participación de empresarios, trabajadores, instituciones y el Estado para crear marcos que protejan a los creadores sin frenar la creatividad.
En las décadas de 1980 y 1990, Juan Alberto Badía ya experimentaba con formatos audiovisuales en su programa Imagen de Radio. Más tarde, en 2009, Fox Sport marcó un hito al transmitir en simultáneo televisión y radio. Pero fue en 2010, con la monetización de YouTube, cuando el crecimiento de los contenidos digitales se disparó.
Agustín Espada, investigador del CONICET y doctor en Ciencias Sociales, explica que los 20 años de YouTube reflejan una “paradoja de transformación tecnológica” vinculada a la producción cultural. La mejora en las redes, el abaratamiento de equipos y la pandemia aceleraron el surgimiento de canales como Lusu TV (2020), considerado pionero en este nuevo modelo.
Joan Quite, divulgador en tecnologías emergentes, señala que el streaming en Argentina está en una “adolescencia”: creció rápido y de manera disruptiva, pero enfrenta desafíos. “¿Qué pasa cuando el hype baja y la monetización sigue siendo un enigma?”, plantea. Para él, solo sobrevivirán quienes combinen contenido de calidad con ingresos sostenibles.
Uno de los mayores problemas del sector es la precarización laboral. Muchos creadores de contenido trabajan sin contratos estables, sin cobertura médica y con salarios bajos. “No es una isla de desregulación”, advierte un especialista. “Esto cruza a toda la industria”.
Algunos actores del sector piden que el streaming sea incluido en las regulaciones laborales de los medios tradicionales, pero adaptadas a su naturaleza híbrida. “No se trata de copiar y pegar leyes de la televisión. El streaming no es tele, ni radio, ni YouTube. Es un animal nuevo”, afirma un entrevistado.





